| Biblioteca - Poesía |
| A poesía popular en Beariz (III) |
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| Publicado en "O Quince" no 1996 por Jorge Launas Bértolo. | ||
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Como continuación dos artigos publicados baixo este título nos números 2 e 4 da revista cultural "0 QUINCE" do capítulo V (cantas chascarrillos e cancións) do libro "Beariz de Montes" e coa pretensión de que esta literatura, que nunca foi escrita, non se perda, queremos publicar na revista do presente ano unha escolma de cantigas e coplas recollidas nos últimos meses:
Cantares do pobo
Corrida de Magros
e "almendrillas" teño, teño, cal o queredes cal non, ¡ai! non era de Vila algunha a dar razón, son fillo de Dios, neto de Serafín, as mozas de Magros todas rabean por min. Copla
estaba segando na herba no prado da Fonteliña, cadrou que na mesma hora Andrés da Revolta viña e dende a cima do campo díxolle con cobardía: - ¿Queres que vaia a axudarche a ergue-la herba María? - Por agora douche as gracias, aínda a teño que segar, ti estarás apurado, sempre que estea o teu lado - Que ti es a que me tes o meu corazón roubado, non quererás ser ti dona quizais do meu corazón pero eu heite de querer, que ti me queiras ou non - Como che hei de crer que has ter tanto cariño se para casa dos meus país nunca atiñaches camiño. - Antes de ir onda os teus país teño que falar contigo para saber se ti querías tomar amores comigo. - Para min era unha fortuna sabendo que ti non tiñas amor con outra ningunha. -De quererlle ben a outra nunca tiven ilusión a ti quería traerte ó pe do mear corazón. - Pois agora se che parece é mellor que marchemos mañá da mesma hora aquí quedar podemos. (Recollida en Muradás) Copla
porque en su cara lleva la gracia del mundo entero. - Pues si quiere usted saber a donde voy caballero se lo diré enseguida si me permite un momento; yo voy a la romería porque me quiero casar y ando buscando novio y no lo puedo encontrar. - Pues mire usted señorita que cosa más acertada yo ando buscando novia y no pude encontrarla. - Pues mire usted caballero que hará 23 años que ando buscando novio y no puedo encontrarlo. - Pues ahora señorita si me quiere por esclavo se lo juro por mi madre que me encuentro enamorado. - Si es cierto lo que dice que es muy caballero que yo me quiero casar aunque sea con un viejo. - Pues yo también señorita me encuentro muy aburrido cuando será ese día que pueda dormir contigo. - Pues a mi también me tarda el ser suya caballero así es que cuando quiera disponga del casamiento. - Pues ya que tanto me quiere le voy a pedir un favor dame un beso prenda mía que por ti muero de amor. - Ese beso que me pide con gusto se lo daría pero a veces los besos hacen dolor en la barriga. -Por un beso solamente nada te sucederá y si algo te ocurre no es cosa de novedad. - Pero sepa caballero que las mozas de hoy en día cuando nos piden un beso es con mucha picardía. - Ya voy viendo señorita que es una desconfiada si así duda de los hombres nunca usted sera casada. - De los hombres caballero tengo que desconfiar porque todos son muy pillos a la hora de enamorar. - El día que nos casemos que feliz seré caballero cada noche le daré más de doscientos mil besos. - Pero yo también señorita le enseñaré más cositas que estrellitas hay en el cielo. -Pues yo también caballero le enseñaré un jardín que tiene unos claveles más verdes que el perejil. - Pues ahora vida mía voy arreglar los papeles y después querida regaremos los claveles. Por fin tres meses y un día llevaron de relaciones y al cabo de este tiempo acabaron las uniones. Hicieron una gran boda en la casa de Carmelita mas los dos enamorados ya se acostaron con día. Empezaron la tarea y Carmelita dijo así: -Gracias a Dios Manolito que entra el rey en Madrid y que sea bienvenido que me parece glorioso, quiera Dios que nunca se canse y se sienta receloso. Copla
habitaba don Manuel con su esposa doña Elena, eran ricos comerciantes, tenían del pormenor, sólo una hija tenían nacida del corazón. Amelia era su nombre de la hija que adoraban, era amable y cariñosa de todo bien educada y sus padres con gran pompa la mandaron al colegio donde estudió con afán y se instruyó en el comercio. Así vivieron 20 años estos padres con su hija, siendo ella la que corre con toda la mercancía más al cabo de este tiempo ya tenía sus amores con un chico de su calle en el número catorce. Contaba 24 años el cortejo de Amelia, Cesáreo Perú se llama, del comercio es su carrera, por espacio de tres años llevaban de relaciones sin enterarse sus padres de estos largos amores, mas un día por la tarde Amelia dice a Cesáreo: -Es menester que digamos a mis padres nuestro estado, si ellos nos autorizan y los tuyos son iguales podernos pronto unirnos en lazos matrimoniales. - Pues Amelia de mi alma tu gusto será cumplido. Por eso esta misma noche en mi tienda te espero. Que vengan a eso de las siete a darnos el visto bueno. Se despiden los amantes con alegría y placer esperando por un momento que venga el anochecer. A eso de las seis y media Cesáreo marcha ligero a la casa de su amada que lo espera por momento, al llegar frente a la puerta penetra dentro en seguida donde están los ancianos en compañía de su hija. A don Manuel y doña Elena pronto les manisfestó el deseo que tenían de unirse pronto los dos. Don Manuel y doña Elena por ver sus gustos cumplidos les aceptan el permiso y lo adoptaron por hijo, luego fue a su casa a eso de las once y media para decirle a sus padres que se casa con Amelia. Su padre contrariado su permiso no quiso darle y con una prima suya proponía de casarle: - La que ha de ser tu esposa porque es mucho más rica es la hija de tu tío que es tu prima la Elicia. -No me pretenda usted eso padre mío de mi alma porque hoy me caso con ella aunque me pese mañana, yo mancillé su honor jurando que era suyo sino me caso con ella seré un hombre pegado. Al darle mi contestación que no podía olvidarlo aquel padre sin razón me dio una bofetada y no contento con esto, bufando como una fiera me segunda un puntapié y da con su hijo en tierra y no conforme con esto coge el cuchillo en la mano para quitarse la vida este padre tan tirano. Viéndome en tal situación creyendo que me mataría eché mano a mi pistola y he puesto fin a su vida. Mi madre como traidora también me culpaba a mí pero yo de dos balazos he puesto a su vida fin y ahora señor juez como puede ver Usía por no verme en un presidio yo pongo fin a la mía, y ahora señor Juez esta carta con mi firma se la ha de leer a Amelia, favor espero de Usía. Mandan buscar a la Amelia, la meten en la prisión, al hacer 24 horas le toman declaración. Ayer que fue a su casa pidió mi mano a sus padres los que aceptaron gustosos los lazos matrimoniales. Mas viendo el señor juez que inocente se hallaba le puso en libertad y la carta a leer le daba, cuando recogió la carta se metió en su habitación dando un desmayo tan grande a Dios su cuenta dio. (Recollida en Muradás)
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