| Biblioteca - Artículos |
| El molino de Nuestra Señora de Beariz |
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| Publicado en "O Quince" no 1995 por Enrique Bande Rodríguez. | |||||||
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El molino en la arquitectura tradicional gallega, en la economía y el folklore tuvo un papel definitorio a lo largo de los años. El molino siempre fue un lugar de relaciones vecinales y de "troula" donde se cantaba y se bailaba originándose así un cúmulo de cantigas de todo tipo. El molino tiene como finalidad moler el grano, la aceituna, y la cáscara o corteza del roble o de la encina para curtir las pieles en los "pelamios". También se emplearon para generar energía eléctrica. A lo largo de la historia de Galicia hubo diversas clases de molinos: molinos de mano y molinos hidráulicos, situados en las orillas de ríos, regatos y arroyos. Nosotros nos referimos aquí a los molinos de agua instalados en ríos y regatos los cuales pueden ser de rueda vertical o de rodicio. Por lo tocante a la propiedad de los molinos sabemos que hay molinos pertenecientes a un solo dueño o propietario y los hay que pertenecen a varios vecinos. Estos pueden ser de herederos (cuando al dividir la herencia de los padres los molinos nolos reparten y todos los hijos de la familia tienen derecho a moler un determinado número de horas o días cada cierto tiempo); del pueblo o comunales, son estos los molinos donde cada vecino muele su propio grano y participa en el arreglo de dicho molino. Hay molinos que pertenecen a una persona moral o a una entidad como es una parroquia, un monasterio un santuario. Este es el caso del molino de Nuestra Señora de Beariz, molino seguramente instalado por el monasterio de Acibeiro dado que fue dicho monasterio quien humanizó el ámbito de la Tierra de Montes y concretamente la actual parroquia de Santa María de Beariz.
En los libros parroquiales tenemos constancia de dicho molino desde principios del siglo XVIII. Este molino al no poder atenderlo el abad ni el prior se arrienda en pública subasta por un tiempo deterninado al mejor postor. El arrendatario o molinero molía para todos los que lo deseaban. El que molía tenía que pagar un canon en especie llamado "Maquía" ó "Maquila", una porción del grano que se va moler.
Entre los bienes de la fábrica de Santa María de Beariz figura un molino llamado "El Molino de la Fábrica". En 1723 sabemos que el párroco gastó 10 reales en componer los picos y las herramientas de dicho molino. Por un inventario de la parroquia de Santa María de Beariz, firmado el año de 1730 después de la toma de posesión de Fr. Antonio Otón, cura vicario de dicha feligresía, siendo mayordomo de la fábrica Juan de Lama, vecino del lugar de Magros, quien nos dice que la fábrica tiene un molino que se arrienda. El arrendatario paga una cantidad determinada, ferrados de centeno, que más tarde se vendían. En 1733 sabemos que por componer dicho molino y las herramientas del mismo se pagaron 16 reales. Un carro de colmo que se trajo para colmar el molino costó 9 reales y 2 reales y medio se le pagaron a un oficial por poner el colmo. (En nuestras aldeas los pajares, casas, chozas, capillas y hasta iglesias, templos parroquiales estuvieron tejados de colmo, aún hoy se conservan colmadas en San Juan de Randín en la frontera con Portugal). Costó una muela que se le puso al molino 49 reales y se le dieron 12 reales a los carreteros por traerla hasta el pie del molino lo que hacen 61 reales. En 1738 se le hachó un rodicio al molino de la fábrica lo que costó 40 reales. En 1744 se le hachó una "pizarra" al molino lo que costó 37 reales. Se hizo un hierro y se compuso el pico lo que costó 10 reales. En 1750 siendo mayordomo Domingo Cendón vecino de la Bouza se compuso todo el molino con pié, piedra y rodicio. Se gastaron en ello 15 reales. En 1752 en componer todo el molino se gastaron 198 reales. En dicho año por componer el río del molino y la presa se gastaron 68 reales (Las presas eran acequias que se hacían para llevar el agua hasta el rodicio del molino). En 1753 en losas para componerel molino se pagaron 15 reales. Al año siguiente para componer la presa se gastaron 68 reales. En 1822 la composición del molino de Nuestra Señora ascendió a 12 reales. En 1831 por la composición del molino, por un rodezno nuevo y por s conducción se pagaron 195 reales y 10 maravedies.
El molino se arrendaba al mejor postor por uno o por tres años. El arriendo se hacía público, esto es, se daba a conocer al ofertorio de la misa popular. En 1742 se arrendó el molino a Manuel de Lama y a Francisco Suances en 10 ferrados de centeno. Del año de 1754 al de 1755 Fr. Sebastián Delgado, cura de esta feligresía, arrendó el molino de la fábrica a Amaro González vecino de la Forja de esta feligresía. Fue el mayor postor pagando 145 ferrados de centeno que cobra el mayordomo de la fábrica. Desde el 12 de octubre de 1754 se le arrendó el molino de la fábrica a Gregorio Otero vecino de Magros, fue el mayor postor pagando 154 ferrados de centeno. En 1757 se arrendó por tres años, los que comenzaron a contar el día 2 de noviembre de 1757. Este año se arrendó a Miguel de Lama y a otros en 8 ferrados de centeno en cada año con la obligación de poner a costa suya muela y sierra. Corren por su cuenta y riesgo todos los reparos. Feneciendo los tres años debe dejar el molino moliente y corriente en toda forma. En 1760 se arrendó el molino a Francisco Suarez en 9 ferrados y medio de centeno con la obligación de correr por su cuenta todos los reparos. En 1762 se le arrendó a Francisco Suarez en 9 ferrados y medio de centeno con la obligación de correr por su cuenta todos los reparos. En 1762 se remató por tres años a Agustín Barco vecino de Beariz en 10 ferrados y medio cada año. En 28 de noviembre de 1770 se hizo un arriendo del molino en 4 ferrados de pan, se le remató a Francisco Pérez. En 1777 se remató a Benito Barquero en 10 ferrados y medio de centeno, cuyo arriendo se hizo con la obligación de componer todo a su cuenta sin que la fábrica gastase cosa alguna. Se le hizo el arriendo por tres años. En 1803 se le remató el molino como a mayor postor a Antonio Cortés vecino de Beariz en 8 ferrados y 8 cuartillos de centeno cada año. El arriendo se hace con la condición de que el molino ha de andar corriente y moliente y bien reparado a costa de los arrendatarios. Todos los instrumentos menores corren a cuenta del arrendatario y solo los mayores a cuenta de la fábrica. En torno al molino surgió una variada poesía popular y un rico "cantigueiro" de tipo amoroso y satírico. Muestras de ello son las estrofas que siguen:
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