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| As Nosas Xentes (II) - El barbero de mi aldea |
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| Publicado en "O Quince" no 1995 por José Balboa Rodríguez. | |||||
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"A todos los que hacen posible que los que estamos fuera nos sintamos felices cuando venimos a la aldea."
El barbero de mi pueblo es un hombre que, a decir verdad, nunca había sido un hito en mi caminar por la vida, tanto por mi falta de saber pararme a tiempo en el momento preciso, como por el poco tiempo que pasé en el lugar de coincidencia.
Sin embargo, como el aroma del buen vino hace pararse al buen catador, la sapiencia primaria en su expresión, pero profunda en su contenido, consiguió que yo hiciese un primer alto en mi camino que, a partir de ese momento, se convirtió en obligada parada y lugar de encuentro.
Se estableció entre nosotros un renacer intenso de olvidadas vivencias y hasta tal punto sabe nuestro tranquilo y agradable Fígaro llegar a los Bearicenses que esporádicamente arribamos a estos lares que en mi ha creado la perentoria necesidad de venir desde la capital del Reino a componer mi maltrecha cabellera a su vetusto pero siempre limpio sillón.
Ha llegado Don Manuel a su edad de jubilación con un aspecto que para si quisiera mas de un mozalbete y cónsono con su buen físico es su verbo parco y bien sonante.
Habla con mucho respeto de sus vivencias. No sale en su conversación ningún término malsonante ni en el recuerdo a cualquiera de sus múltiples interlocutores una crítica con un mínimo de acritud.
No regatea elogios hacia los que él considera hombres que un día fueron y son fuerzas vivas de nuestro entorno y siente un especial placer cuando en el recuerdo de encuentros se juntaron fuerzas dispares.
Especial interés tiene el oírlo hablar de viejos curas y médicos que en nuestra aldea hicieron historia y no puede por menos que romper un canto a espadas cuando a uno u otro ha de enjuiciar.
Cuando uno le mira fijamente al rostro por fuerza tiene que darle la razón a esas gentes que dicen de nosotros, los gallegos, que nunca saben si vamos o venimos. Siempre en su rostro, donde un poblado bigote quiere sentar cátedra de seriedad, dormita una incipiente sonrisa que despierta a la más sutil sugerencia.
No emigró y sin embargo hizo patria y hace patria y en él encontramos los que por mor del destino, tuvimos que marcharnos por esos mundos de Dios, en él encontramos, repito, el libro vivo de nuestra historia, la continuidad de nuestros paréntesis y nos la transmite de una manera sencilla, humana, inteligente, con esa sencillez que emana de lo cotidiano, sin sobresaltos, sin vulgaridades.
Inteligente, con esa inteligencia formada en el saber escuchar y aprender de todos, de los que saben y de los que creen que saben y hasta de los que no saben que al final son los que más saben. Humana porque él es así, humano, al alcance del que le solicita, del que tiene un problema y necesita una solución. Su humanidad impregna su manera de hacer y ello le llevó y le lleva a granjearse el cariño, el respeto y, cómo no, la admiración de los que estamos hartos de encontrarnos con frutos que solo tienen la concha y que cuando los abres solo te brindan el vacío, la nada.
Don Manuel, desde este atardecer brumoso de Castilla, desde la plataforma de un corazón que late a bearicense, mi mensaje de paz para ti y para los tuyos, con el ruego de que nos regales tus maneras mucho tiempo y que en paralelo seas capaz, que lo eres, de transmitir a tu tomadora de testigo la forma de andar por la vida dejando tras de ti una estela trovadora de tu pasado sencillo y aleccionador.
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